La NFL y CTE, el riesgo de jugar futbol americano

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Jugar futbol americano es peligroso. No es noticia de último minuto. Miles de jugadores entrenan desde pequeños para competir en ese deporte en distintos niveles donde, además de la exigencia mental, de concentración y táctica que refiere; el esfuerzo y trabajo físico llevan los límites del ser humano al extremo. Esto resulta que en el máximo nivel, la NFL, tengamos a jugadores de 1.90 m de altura y 110 kg capaces de correr 40 yardas en menos de 4.5 segundos.

Estos superhombres se ven expuestos a miles de lesiones distintas, pero hay una que ha sido la sombra negra de la NFL en los últimos años: la encefalopatía traumática crónica, ETC o mejor conocida por sus siglas en inglés: CTE (Chronic traumatic encephalopathy).

La enfermedad

La encefalopatía traumática crónica es una degeneración gradual de las funciones cerebrales. Comienza con problemas de concentración y memoria, junto con episodios de desorientación, confusión, mareos y dolor de cabeza; pero los síntomas pueden ir empeorando hasta llegar a agresión, depresión, demencia, síntomas de Parkinson, alteraciones del habla y la habilidad para caminar.

Esta enfermedad es causada debido a repetidas lesiones en la cabeza que causan conmociones cerebrales, aunque los síntomas no se manifiestan hasta varios años después, por lo que jugadores de futbol americano, hockey o boxeadores se encuentran altamente expuestos.

El término de CTE fue utilizado por primera vez en 2005 por el doctor Bennet Omalu tras una serie de extensos estudios que se originaron tras la autopsia del exjugador de los Steelers Mike Webster (y recreado por Will Smith en la película “Concussion”), pero investigaciones sobre efectos en estos deportistas datan desde 1920.

Desafortunadamente la enfermedad solo puede ser detectada con una autopsia cerebral tras la muerte de la persona.

La relación CTE – NFL

La investigación de Omalu en 2005 fue la primera en poner a la NFL en el ojo público sobre los problemas de salud en los jugadores. Aunque el problema aumentó en los próximos años, pues las investigaciones de Omalu, así como las de otros médicos, señalaron que la liga sabía de los problemas a los que estaban expuestos los jugadores, pero omitían esa información.

Esta teoría fue acompañada por una comisión creada por la NFL en esas fechas (Mild Traumatic Brain Injury Committee) que señaló que de 2003 a 2009 “ningún jugador de NFL” había experimentado algún daño crónico cerebral por repetidas conmociones y que “los jugadores de futbol americano no reciben golpes repetitivos al cerebro de manera regular”.

Sin embargo, varios exjugadores de NFL realizaron una demanda colectiva contra la liga en 2013 argumentando que la NFL sabía de los riesgos y se los escondía a los jugadores. Después de dos años en la corte, un juez federal acordó que la NFL debía pagar un compensación cercana a los $1,000 millones de dólares a los más de 5,000 exjugadores (o sus familiares) que se unieron en la demanda, aunque la NFL nunca admitió que hubo acciones indebidas por parte de la liga.

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El siguiente paso contra la NFL fue una investigación publicada en septiembre de 2015 liderada por la Doctora Ann McKee de la Universidad de Boston, en donde 165 exjugadores (profesionales o a niveles estudiantiles) donaron su cerebro tras su muerte para determinar si sufrieron de CTE. El estudio reveló que 131 de las 165 personas (79.4%) sufrieron de esta enfermedad y que el número era más alto para los que llegaron a la NFL, con 87 de 91 exjugadores diagnosticados con CTE.

El nuevo camino

La investigación de 2015 y la presión del público (acelerada por la popularidad de la película “Concussion” estrenada en diciembre de 2015) llevó a que la liga aceptara que existe un vínculo entre jugar en la NFL y sufrir de CTE por primera vez en marzo de 2016.

La liga instauró nuevas reformas en su protocolo de conmociones en 2016 que incluyen mayor precaución y revisión por parte de doctores independientes y multas para los equipos que no cumplan el protocolo de hasta $150,000 dólares.

Además, la NFL aumentó su compromiso económico a la investigación contra enfermedades relacionadas al cerebro el año pasado, al pasar de $100 a $200 millones de dólares.

Sin embargo, la misma NFL publicó que durante la temporada 2016 los jugadores recibieron 244 conmociones cerebrales ya sea en juegos o prácticas, es un total menor de las 275 que existieron en 2015, pero sigue marcando un promedio de 238 durante las últimas cuatro temporadas.

Nuevo estudio de CTE – futbol americano

Este martes 25 de julio de 2017 fue publicado un nuevo estudio llamado “Evaluación clinicopatológica de CTE en jugadores de futbol americano” en el JAMA (Journal of the American Medical Association) liderado de nuevo por la Doctora Ann McKee.

Este estudio contó con autopsias de 202 exjugadores de futbol americano (en diversos niveles) fallecidos después de 2008, y encontró que 177 sufrieron de CTE (87.6%), donde destacan la presencia de la enfermedad en 110 de los 111 jugadores (99.1%) del estudio que estuvieron en la NFL.

Además, el estudio arroja números impactantes en la causa de muerte de estos exdeportistas ya que de los 177 que fueron diagnosticados con CTE, 69 murieron por causas neurodegenerativas (que incluye causas relacionadas a la demencia y enfermedad de Parkinson), 34 por enfermedades cardiovasculares y 18 por suicidios.

Esto no significa que ese mismo porcentaje (87.6% en exjugadores de futbol americano y 99.1% en exjugadores de NFL) sea el absoluto para esta enfermedad, pues la misma autora señala que al ser los familiares de los exjugadores los que deciden donar los cerebros para la investigación (o en algunos casos las mismas personas en testamentos o cartas similares), ya existe una preocupación previa en la mayoría de los casos, causada en muchas ocasiones por síntomas que ya han aparecido, por lo que al presentar los síntomas, ya tienen “indicios” de la enfermedad, y esto deja fuera a miles que no han mostrado síntomas.

Sin embargo, el NY Times indica que 1,300 exjugadores de NFL han muerto desde 2008. Así que en el hipotético caso de que los 1,189 que no fueron parte del estudio no mostraran CTE, algo muy poco probable según la misma autora, esto aún nos arrojaría 110 de 1,300 diagnosticados con la enfermedad, que equivale a decir que al menos 8.5% de los exjugadores de NFL sufren de CTE, cifra lo suficientemente importante para causar alarma.

Ese es el rival de la NFL, una liga que genera $14,000 millones de dólares en ingresos anualmente, que es prácticamente dueña de un día de la semana en el país más poderoso económicamente y que históricamente se niega a reconocer los problemas que causa.

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