Opinión: “La llave la tiene Slim… o la lotería”

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Por Martín del Palacio

Atlanta 96 significó la peor humillación en la historia del deporte olímpico de la Gran Bretaña. Un equipo plagado de estrellas terminó en el lugar 36 del medallero, con sólo una presea de oro. La prensa calificó la actuación como “ridículo legendario”, y algunos atletas fueron insultados en las calles.

Veinte años más tarde, el equipo británico va a terminar por encima de China en el medallero olímpico, en lo que constituye una sorpresa mayúscula, pero que es consistente con su espectacular ascenso desde aquellos Juegos donde tocaron fondo. ¿Qué pasó? ¿Cómo se pudo operar ese cambio?

La solución fue sorprendentemente simple. En 1997 el gobierno de la isla determinó que un porcentaje de los ingresos de la lotería nacional iría destinado a la preparación de los atletas olímpicos y creó una oficina para ello. Nada más. La gente empezó a comprar billetes en masa y el destino del deporte cambió. En estas dos décadas, el presupuesto olímpico británico pasó de 20 millones de libras a 274 por ciclo olímpico.

¿Puede México hacer algo así? Podría ser. Se necesita para ello que pasen tres cosas, por lo menos. En primer lugar que el gobierno se decida. La Lotería Nacional en el país tiene fines sociales. No se llama “Para la Asistencia Pública” nada más porque sí. Sería injusto quitarle el dinero a quienes lo necesitan. Pero sí se podrían crear sorteos especiales para el deporte o pensar en mecanismos específicos.

COM Comité Olímpico Mexicano¿De dónde provienen los recursos del Comité Olímpico Mexicano?

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En segundo lugar, la oficina que maneje los fondos tendría que ser auditable y estar alejada de la habitual corrupción que plaga a las organizaciones del país. Algo que, me temo, no está del todo al alcance de nuestro gobierno actual (o de los pasados, o de los futuros). Pero aún si el dirigente de turno se robara, inevitablemente, una parte, los atletas tendrían más ingresos y mejor preparación.

En tercero, tendría que haber un protocolo claro de repartición. Qué va para quién y por qué. Y parámetros específicos para que los atletas califiquen y entren en los rangos. Haría falta una verdadera planeación y un trabajo serio, de alguien que no esté relacionado ¡por favor! con alguno de los inefables organismos que manejan el deporte en el país.

Por supuesto, un porcentaje de la lotería no es, ni mucho menos, la única solución. Le funcionó a los británicos, pero lo que hay que aprender es que el financiamiento puede llegar de muchas maneras, tanto del gobierno como de la iniciativa privada. Y en ese segundo caso, la persona a la que se debe voltear a ver es Carlos Slim.

A nadie ha afectado más el fracaso de Río 2016 que al magnate mexicano. Por primera vez en la historia, los Juegos Olímpicos se transmitieron a través de una empresa ajena a los dos grandes participantes del mercado mediático en México. La apuesta de Claro Sports era grande, se trataba de su entrada real en el mundo deportivo, y un durísimo golpe a Televisa y TV Azteca.

donde-ver-rio-2016¿Qué ofrecían las distintas cadenas durante los Juegos Olímpicos?

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Los constantes fracasos mexicanos han, sin embargo, menguado el interés en la justa. Si, para la mitad de los Juegos, México hubiera cosechado ya una buena cantidad de medallas, todos los habitantes del país estarían pegados a sus televisiones (o tablets, o teléfonos), esperando la siguiente competencia. En un país ávido de buenas noticias, los fracasos deportivos han sido tomados como afrentas personales.

Los derechos de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 aún no han sido atribuidos, pero ya Arturo Elías Ayub ha declarado el interés de América Móvil por seguir transmitiendo eventos del COI. Si eso es cierto, Slim, competidor como ninguno, no puede arriesgarse a otro ridículo como el sucedido en estas semanas.

Telmex, propiedad de Slim, es uno de los patrocinadores más importantes del deporte olímpico, pero a través del Comité Olímpico Mexicano. Se comporta como una empresa normal, no como el verdadero impulsor del cambio en el deporte del país -como hizo con el automovilismo en el pasado-. Haría falta mucho más, ya sea creando un fideicomiso específico controlado por alguien intachable, o por un mecanismo como el de la lotería que también resulte negocio para el multimillonario.

Para poder cambiar su suerte olímpica, México necesita dinero. ¿Nada más? Esencialmente sí. Más dinero equivale a mejores instalaciones, mejores entrenadores, mejor preparación y mejores atletas. Con más dinero, bien repartido, los directivos se vuelven menos importantes.

La llave está en manos de quien quiera tomarla, Slim, la lotería, el gobierno, quien sea, pero alguien tiene que hacerlo. Río 2016 tiene que ser el principio de un cambio en el deporte mexicano como lo fue Atlanta 96 para los británicos. De otro modo correremos la suerte de otro país que hizo un ridículo histórico en aquellos Juegos y que veinte años ha obtenido exactamente los mismos resultados… México.

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